Mi pan casero es la envidia de mis vecinos

Para empezar y, aunque parezca obvio, debemos recordar que hay dos maneras de hacer pan en casa. El primero es el método tradicional, en el cual mezclamos los ingredientes y los amasamos manualmente; a continuación lo dejamos reposar y finalmente lo horneamos, controlando el tiempo de cocción.

Nosotros nos centraremos en la segunda manera de hacer pan en casa. ¿Y cómo nos ahorramos el tedioso trabajo de amasado, reposo y horneado? Pues con una máquina panificadora, por supuesto.

(Si no tienes claro si comprar una panificadora o no, o por cual decidirte, te invitamos que visites nuestra sección Mejores panificadoras 2020).

Aunque el pan hecho en panificadora está delicioso y en general el proceso no conlleva complicaciones, sí que hay una serie de detalles que debes tener en cuenta para sacar el máximo provecho de tu panificadora.

¿Quieres un pan esponjoso, blandito por dentro y crujiente por fuera, con un precioso dorado y con aroma a ese pan de la abuela recién hecho? Es mucho más fácil de lo que parece; tan solo debes seguir los siguientes consejos y practicar un poco. ¡El resultado te sorprenderá!

  1. Empieza por el principio. Aprende a dominar primero las recetas sencillas antes de complicarte con panes de nueces, donuts o chapatas. Un pan blanco es una buena forma de iniciarte en la preparación de pan con panificadora.

  2. Lee bien las instrucciones de tu panificadora para sacarle el máximo partido. ¿Eres de los que nunca miran las instrucciones de los electrodomésticos y los acaba dominando mediante el método de ensayo y error? En este caso mejor cambia de sistema. Lee bien las instrucciones y, sobre todo, las posibilidades de tu máquina (sobretodo qué programas tiene y para qué sirven).

  3. Escoge una buena receta. Esta debe ser específica para hacer pan para panificadora. Si tu máquina no lleva libro de recetas, encontrarás una gran cantidad en internet sin problema. La receta de hacer pan al modo tradicional, amasándolo con tus manos y horneándolo al horno, no funcionará con tu panificadora. Y no queremos un pan apelmazado e incomestible que acabe en el contenedor de residuos orgánicos, ¿verdad?

  4. Sigue la receta al pie de la letra. Y esto es muy, muy importante. Ajústate de manera precisa a las cantidades y medidas que aparecen en la receta y al programa correspondiente. Utiliza la balanza y mídelo todo de manera exacta, incluso la sal. Una cuchara rasa es exactamente una cuchara rasa… ¿qué tal si eliminas el sobrante con una espátula o con un cuchillo para asegurarte de que la cantidad es correcta? El éxito está en los detalles y la precisión; es la única manera de obtener buenos resultados. En cuanto a panificadoras se refiere, la improvisación y el cálculo “a ojo” nunca, nunca, nunca funcionan.

  5. Respeta de manera rigurosa el orden de los ingredientes tal y como aparece en la receta. Ya sabemos que de pequeño te enseñaron aquello de que “el orden de los factores no altera el producto”… pues bien, en esa caso sí afecta, y mucho.

  6. El agua puede ser un factor decisivo en el resultado final. Aunque lo parezca, no todas las aguas son iguales, y una más dura (es decir, con más cal) requerirá un poco más de levadura. Si lleva mucha cal, incluso tendrás que usar el doble de levadura. Ten esto en cuenta si el pan no sale como deseabas: tal vez el problema está en el agua.

  7. Utiliza harina de buena calidad, y tamízala antes de verterla en la cubeta de tu panificadora.

  8. La levadura es un tema delicado. Vamos paso a paso. En primer lugar, para hacer pan debes usar levadura de panificación (en polvo, seca o deshidratada) y no de pastelería (o sea, gasificante o litines). Recuerda también que la levadura natural puede estropearse y por lo tanto perder su efectividad si no la conservas en las condiciones adecuadas (por ejemplo de temperatura o humedad).

  9. Vigila con los ingredientes adicionales que vayas a añadir a tus elaboraciones. Si añades huevo, por ejemplo, la masa quedará más líquida, lo cual significa que deberás echar un poco menos de líquido. Tranquilo, con la experiencia controlarás estos detalles a la perfección.

  10. Es mejor que viertas los ingredientes a temperatura ambiente. Si en tu cocina la temperatura es fresca, lo puedes compensar, por ejemplo, templando un poco el agua o sacando los ingredientes de la nevera un rato antes (incluso la levadura). Por otra parte, piensa que la masa debe alcanzar cierta temperatura para fermentar y subir; es normal que en verano suba más y en invierno menos… ¿qué tal si lo compensas con un poco menos de levadura en los meses más cálidos y un poco más en los más fríos? Te sorprenderá el resultado.

  11. Cuando acabes de hacer el pan, sácalo de la panificadora y deja que se enfríe sobre una rejilla. ¿Qué conseguimos con eso? Pues que no se reblandezca y se mantenga crujiente. Pude ser que tu panificadora tenga una opción para mantenerlo calentito durante un rato; eso es correcto, pero pasado ese tiempo, no lo dejes dentro del aparato o comenzará a reblandecerse igualmente (¡y sería una lástima!).

  12. Al sacar el pan, vigila porque la cubeta quema. Tendrás que volcarla y sacudirla ligeramente, pero el pan siempre sale sin problema (y con unas manoplas, mejor que mejor). Las aspas deberían quedar en la cubeta, pero en algunas ocasiones quedan dentro del pan; no tiene más misterio, las sacamos y ya está. De hecho, algunos modelos de panificadoras llevan un accesorio para extraerlas con más facilidad.

  13. A veces resulta un poco complicado extraer las palas amasadoras (1 o 2 según modelo) una vez está listo el pan. ¿Qué tal si lo intentas cuando todavía está caliente? Tranquilo, no te vas a quemar porque la mayoría de panificadoras suelen llevar unos ganchos especiales con esta finalidad.

  14. ¿No ha salido el pan como esperabas? No pasa nada, es frecuente cuando todavía no dominamos en tema; siguiendo estos consejos y con un mínimo de práctica, tu panificadora y tu pronto seréis la envidia de vuestros vecinos.

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