Tu robot y tú, a por las 3 estrellas Michelin

Si has decidido leer este artículo, te interesa la cocina, disfrutarla y sorprender siempre a tus invitados. Llevas cocinando toda la vida (poner a hervir pasta también cuenta) pero ahora, con un robot de cocina recién estrenado en tus manos, te invaden mil dudas… ¿Cómo consigo que mis platos siempre salgan bien? ¿Y si mi proyecto de plato acaba en el cubo de la basura? ¿Conseguiré sorprender a mis invitados? ¿A qué temperatura preparo el goulash? ¿Cuál es la mejor velocidad para montar la nata?

Si lo que no tienes nada claro es cuál es el mejor robot de cocina del mercado o cual se ajusta más a tus necesidades, te recomendamos que visites nuestra sección de comparativas Mejores robots de cocina 2020.

Preguntas aparte, respira hondo y relájate. Cocinar con un robot es mucho más sencillo de lo que imaginas, y con nuestros consejos y un poco de práctica tu éxito está asegurado. Lánzate a explorar nuevas recetas, sanas y variadas; atrévete a descubrir platos de otros países o de la alta cocina y aprovecha todas las prestaciones que tu robot puede ofrecerte. Eso sí, no todo vale. Para lograr un resultado de 3 estrellas Michelin y quedar como un gran chef, debes tener en cuenta una serie de factores que a continuación te vamos a explicar:

  1. En primer lugar, lee las instrucciones de tu robot de cocina y descubre exactamente cómo funciona y qué puede hacer. No todos los robots son iguales y funcionan de la misma manera, por lo cual es imprescindible que lo sepas utilizar bien. Algunos incorporan procesador de alimentos (cortan, rallan, trituran, etc.) y otros no. Mira con detenimiento qué programas tiene y cómo controlar la temperatura, velocidad y otros parámetros. Mira también si tiene alguna función adicional que te pueda ser de utilidad.

  2. Si hay niños pequeños en casa, mantén tu robot alejado de ellos. Tantos botones les pueden resultar peligrosamente tentadores.

  3. Por motivos de seguridad, asegúrate de que está en una superficie plana y estable. No lo coloques nunca en el borde de la encimera, puedes ciertas funciones pueden hacer que vibre y no queremos que el robot y tu plato acaben cayendo al suelo.

  4. Empieza con algo sencillo. Siempre estás a tiempo de subir el nivel, aunque para no fracasar es mejor elaborar recetas sin grandes complicaciones hasta cogerle el punto a tu robot.

  5. Una vez has escogido la receta a seguir, asegúrate de tener todos los ingredientes y en la cantidad necesaria; no siempre sirven ingredientes parecidos, pues podrían estropear el resultado. Para empezar, te recomendamos que uses alguna de las recetas que vienen con tu robot de cocina; de esta manera, no tendrás que decidir tú que programas utilizar y como ajustar los parámetros. Deja la imaginación y la creatividad culinaria para más adelante.

  6. No te lances a modificar temperaturas y velocidades hasta que tengas dos cosas perfectamente controladas: el funcionamiento de tu robot de cocina y la receta a preparar. Cuanto tengas claro que los resultados te satisfacen, entonces (y no antes) será el momento de personalizar e intentar mejorar la receta. Verás como con la práctica vas cogiendo confianza y te atreves a experimentar cada vez más. Otra opción es que cojas alguna receta de las facilitadas con el robot y la utilices a modo de guía, adaptándola a tus preferencias.

  7. Vigila que la temperatura del recipiente principal sea el adecuado para lo que vas a preparar. Si, por ejemplo, acabas de utilizarlo y aún está caliente, deberás esperar a que se enfríe para llevar a cabo ciertas preparaciones como montar claras, nata o hacer un sorbete. Para un enfriado extra rápido, puedes picar con tu robot unos cubitos de hielo y dejarlos dentro durante unos minutos.

  8. De igual manera, si vas a hacer pan rallado o a moler azúcar para hacer azúcar glas, asegúrate de que el recipiente esté totalmente seco. Parece una obviedad, pero a veces un pequeño detalle puede arruinar de manera definitiva el resultado final de nuestro plato. La mejor manera de asegurarte de que no quede ni una gota (ni siquiera en las cuchillas) es secarlo con un paño, cerrarlo del todo y poner un programa turbo o similar (velocidad máxima) para que el mecanismo la expulse.

  9. Si el recipiente principal conserva olor de la preparación anterior tienes un serio problema. No quieres hacer mayonesa con sabor a marmitako de atún, ¿verdad? Esto también tiene fácil solución. Todo lo que tienes que hacer es verter aproximadamente un litro agua tibia en la cubeta y añadir un chorrito de vinagre o el zumo de medio limón y mantenerlo así durante 40 segundos con un programa medio. Verás como cualquier olor anterior habrá desaparecido y ya podrás preparar tu receta con tranquilidad.

  10. Si decides ajustar la temperatura por tu cuenta, no te precipites. Los robots suelen ir desde los 30 hasta los 130oC (dependiendo del modelo); cada temperatura tiene una utilidad concreta, y es importante que la utilices bien:

  • 80 – 90oC: a esta temperatura los líquidos no hierven (y por tanto no se evaporan). Te será útil, por ejemplo, para cuajar huevos o para realizar preparaciones con leche.

  • 100oC: es la temperatura de ebullición del agua, y la que debes seleccionar para cocer patatas, o para hervir pasta o arroz.

  • 120-130oC: es una temperatura considerable y que solo debes seleccionar cuando sea estrictamente necesario. Deberás utilizarla, por ejemplo, para sofreír, freír (y que quede bien doradito) o reducir salsas u otras elaboraciones. Si tu robot lo permite, deja la tapa abierta para evitar condensación en el interior.

  1. Si ya tienes el tema dominado y estás improvisando en lugar de seguir una de las recetas del recetario de tu robot, debes tener en cuenta una serie de factores. El primero de ellos es el orden en el cual deberás ir introduciendo los diferentes ingredientes:

  • En primer lugar, trabaja los ingredientes secos, así no ensuciarás el recipiente principal del robot (con verter los restos y pasar un paño húmedo bastará). Estamos hablando, por ejemplo, de moler almendras tostadas o hacer pan rallado.

  • A continuación pasa a las tareas con ingredientes semihúmedos, como por ejemplo cortar verduras o trocear fruta. De este modo podrás limpiar el recipiente con un simple enjuagado.

  • Si la receta lo requiere, introduce después los líquidos. Es el caso, por ejemplo, de las salsas.

  • Finalmente, pasa a la fase de cocinado en caliente con los ingredientes que deben sofreírse, freírse, hervirse o cocerse.

  1. En cuanto a la velocidad de tu robot, es importante que tengas en cuenta lo siguiente:

  • La velocidad más baja disponible equivale a estar removiendo constantemente con una cuchara. La velocidad es lenta pero constante para que los alimentos nunca se peguen al recipiente.

  • La siguiente velocidad sirve para mezclar ingredientes, tanto para platos fríos como calientes o postres. También la puedes utilizar para montar la nata con el accesorio correspondiente, ya que si lo intentas con excesiva velocidad posiblemente se cortará.

  • Las velocidades medias sirven para varias cosas. En primer lugar, para cortar los ingredientes para los sofritos, así como frutas, verduras y hortalizas. También te resultará útil para montar mayonesa y salsas similares.

  • La velocidad alta se suele utilizar para elaborar masas de productos de bollería, que son compactas y con alto contenido graso (mantequilla o similares), como por ejemplo los brioches.

  • Finalmente, la velocidad más alta de tu robot te servirá para diferentes preparaciones. Con ella podrás, por ejemplo, rallar frutas o verduras (con la media solo se cortan, pero no lo suficiente), moler productos de textura dura como los frutos secos, o dar el acabado final a cremas y purés para que queden suaves y cremosos.

  1. Una vez acabada la receta, si está es caliente espera un tiempo prudencial para abrir la tapa y así evitar posibles quemaduras con el vapor. Ten en cuenta que algunos robots también queman por el exterior; si es el caso del tuyo, no lo toques y utiliza siempre las asas para agarrar el recipiente.

  2. Y, como todo entra por la vista, vigila con el emplatado (un gran olvidado que puede determinar que tu plato de alta cocina parezca salido del chiringuito de la esquina o de la cocina de Ferran Adrià). Para ayudarte en esto, aquí tienes una ideas:

  • Piensa en tu plato como un conjunto, un todo que puede o no transmitir un mensaje. Tu plato puede sugerir muchas cosas: los colores de otoño, la Navidad, la inocencia infantil…

  • Ten en cuenta el plato o recipiente que vas a utilizar. Quizás valga la pena ser original en este sentido en lugar de utilizar los viejos platos de toda la vida. No olvides el resto de la mesa, es decir, el mantel y los cubiertos; tal vez te inspiren o te ayuden a encontrar una idea de conjunto.

  • Vigila con las cantidades. Si llenas el plato de estofado hasta el borde, difícilmente conseguirás un emplatado atractivo. Tus invitados quedarán llenos, pero no conseguirás dejarles con la boca abierta.

  • Cuida la colocación de los elementos en el plato, tanto del ingrediente principal como de la guarnición y la salsa. No te limites a verterlos y ya está, mímalos y coloca cada uno en su justo lugar. Puedes jugar con capas, formas simétricas, formas geométricas, forma de abanico… e incluso con moldes para emplatar.

  • No debes colocar muchos elementos esparcidos en el plato, sino conseguir que su forma, sabor, color, textura y disposición se integren entre ellos para formar una unidad con sentido. Más vale poco con sentido que mil cosas comestibles que no ligan entre ellas.

  • Juega con las texturas, que te pueden ayudar a crear un interesante contraste. Por ejemplo, si todos los ingredientes del plato son blandos, ¿qué tal si lo coronas con algún elemento crujiente?

  • Observa los colores de lo que has cocinado. ¿Hay algún elemento que puedas añadir para dar contraste si el color principal es aburrido o para complementarlo?

  • Piensa en los elementos de que dispones en tu cocina. A veces es tan simple como colocar una rama de romero sobre la carne, una teja de queso sobre el risotto de boletus o un círculo con reducción de vinagre de módena a la frambuesa alrededor del muslo de pato que acabas de cocinar.

  • No te precipites. Piensa, observa y aprende. El emplatado es todo un arte y, como tal, requiere práctica.

  1. Pero, por supuesto, el cocinado no lo es todo. ¿Pretendes acompañar tu delicioso plato de 3 estrellas Michelín con una bebida de cola? Definitivamente es una pésima idea. El maridaje con un buen vino será el complemento perfecto en cualquier ocasión para sorprender a tus invitados. Si no lo tienes claro, el artículo “Socorro… ¿con qué vino acompaño mi plato?” de la sección Nuestros consejos encontrarás prácticas ideas para acertar.

Bien, pues ha llegado tu turno. Ahora te toca a ti empezar a experimentar con tu robot de cocina. Estamos convencidos de que, siguiendo nuestros consejos y con un poco de práctica, tus comensales quedarán encantados.

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